
Me gustaría ser de esas personas a las que siempre les sale todo bien y, que si no es así, inventan un mundo alrededor de una mentira y nos hacen ver que son felices

. Sin embargo, por mucho que la vida me haya arrastrado por distintas veredas durante mi peregrinaje vampírico por estas tierras de Dios, no soy capaz siquiera de inventarme un sueño o de inventarme una risa si no existió. En resumen, vengo a contaros que hoy siento como las paredes de mi casa se derrumban sobre mí, como el techo me aplasta, y como el suelo, no se mantiene firme bajo mis pies. Os asombrará el cambio de tono de hoy. Acostumbrados os tengo a la chanza y a la crítica irónica de lo que trato de perfilar aquí como mi vida. Sin embargo, hoy no tengo ganas de reírme, ni siquiera de mí misma. Quizá, con estas letras, busco una catarsis, una liberación de una cadena que me oprime el pecho y me hace angustiarme ante la sola idea de tener que respirar miles de veces al día.

En primer lugar, y, antes de pasar a otro tema, quiero contaros mi paso por el
Viñarock. Es cierto que al vampiro le acompaña la mala suerte, pues el viernes, aunque salí a las 21 h. de mi casa con la esperanza de llegar a algún concierto, llegué allí a las 4,45 de la madrugada, cuando ya apenas quedaba algo que rascar

. No es que me hayan alejado Albacete de Madrid para joderme una noche más de mi vida, sino que JC y yo nos quedamos sin gasolina en mitad de la carretera de Valencia y estuvimos afincados en la zona de peaje, hasta que un
Ángel Salvador de
Mapfre vino a remolcarnos una hora después. A continuación, fuimos víctimas de un atasco brutal donde maldije mi ciudad una y mil veces y, por último, y, para rematar, nos perdimos. El caso es que cuando llegué, todos los conciertos habían finalizado, hacía un frío terrible y tuvimos que dormir en el coche, pues a cualquiera le apetecía montar la tienda de campaña en esas condiciones...

El sábado, no estuvo del todo mal. Empezó con una hermosa discusión

poque yo quería montar la tienda de campaña y JC no quería intentarlo por si nos salía mal. El caso, es que estuvimos agriados el uno con el otro hasta las 6 de la tarde y, aunque la experiencia de caminar por un pueblo lleno de gente con mogollón de marcha, resultó muy enriquecedora, me deprimí ligeramente al ver que la mayor emoción que tenía yo era una discusión para besugos, estúpida, a la par que inútil.

Después, fui a ver a
Despistaos y, aunque tampoco los vi enteros (pues las peleas y cambiarse de ropa en el coche delante de todo el mundo

, entretienen bastante), me gustaron y empecé a recobrar el ánimo que me había impulsado a ir allí. Luego vi a
Orishas por JC, que le gustan y, aunque a mi gusto, no son para lanzar cohetes, estuvieron bastante bien. Después, con
La Fuga
, logré emocionarme y divertirme bastante y pensé que al fin había hallado la felicidad que había ido a buscar

y me sentí plena pensando que después vería a
Los Suaves y, sobre todo, a
Mago de Oz
. Y sin embargo,
me morí. Lo digo en serio y no me digáis que no, porque un vampiro conoce a la Muerte incluso con los ojos cerrados. Me morí al comienzo del concierto de
Los Suaves y resucité entre caras desconocidas que se me antojaron espectros. Resucité con un grito, JC me incorporó y, al instante, volví a morir. Entre un mundo y otro pude ver a un tío que se parecía al
Arrebato y que me ayudó a incorporarme por segunda vez. Después, JC, con una paciencia y un tacto muy especial, me fue devolviendo al mundo de los vivos y, aunque lo pasé francamente mal, porque, horas después, ni siquiera era capaz de mirar mis propias pupilas en el retrovisor del coche, al final todo terminó en un susto y nada más. Aunque me perdí a
Mago de Oz

. Una vez recuperada, y, aunque no tenía ganas de nada que no fuese quedarme sopa

, quise aprovechar lo poco que quedaba de conciertos y fui a ver al
Bicho y a
Rosendo. En el de
O Funkillo, aunque molaba, me tuve que ir porque las piernas me habían empezado a flojear de manera misteriosa

. Después volví a dormir en el coche y salimos pronto para Madrid, que nos recibió vacío y melancólico

.
Hoy, he pasado el día limpiando el barro de las ropas que me llevé, poniendo lavadoras y colocando armarios porque mañana vuelvo a trabajar y cuando regreso del curro no me apetece hacer nada. Y cuando he pensado que he desaprovechado mi último día de vacaciones de manera tan triste, me he echado a llorar inexplicablemente durante horas y horas


. Esperemos que mañana todo se nos dé mejor.
Luego me paso a ver si puedo, al menos, arrancaros una sonrisa. Besos.
